4 de junio de 2015

EL MUNDO PERDIDO: JURASSIC PARK (1997)


















Después del enorme éxito de Parque Jurásico (1993) una secuela era algo inevitable; además de muy esperado.

Cuatro años después de lo sucedido en el Parque Jurásico, InGen ha sufrido problemas económicos a causa del desastre. Pero, su principal problema es Ian Malcolm (Jeff Goldblum), quién decidió romper el acuerdo de confidencialidad que firmó antes de ir a Isla Nublar para contar a los medios la verdad de lo que sucedió allí en lugar de la versión oficial que dio InGen, orquestada por Peter Ludlow (Arliss Howard), el avaricioso sobrino de John Hammond (Richard Attenborough), quién aspira a hacerse con el control de la compañía. No obstante, nadie cree las historias de Malcolm, lo que le ha perjudicado gravemente su vida profesional. No ocurre lo mismo con su vida personal, ya que, tras lo ocurrido, inició una relación sentimental con la paleontóloga Sarah Harding (Julianne Moore), a quién conoció cuando esta investigaba lo ocurrido en la isla. Un día, Malcolm es llamado por Hammond, quién le sorprende hablándole de la Zona B, el verdadero lugar donde se fabricaban los dinosaurios de Parque Jurásico y que se sitúa en la Isla Sorna, una isla mucho más grande situada en un archipiélago conocido como “Las Cinco Muertes”.

Según le cuenta, las instalaciones de ese lugar fueron destruidas por un huracán poco después del incidente en Isla Nublar y los dinosaurios han conseguido sobrevivir en esa isla en libertad bajo la protección de Hammond. Pero, no hace mucho una familia de millonarios ingleses hizo una parada allí en su yate y su hija fue atacada por unos Proconsognatus. Incidente que la compañía, con Ludlow a la cabeza, trata de utilizar para apartar a Hammond de la presidencia y así explotar la isla. Es por ello que Hammond le pide a Malcolm que vaya allí con un equipo de documentación que muestre al mundo el habitad de los dinosaurios. Malcolm se niega, pero cambia de opinión cuando descubre que Sarah forma parte del equipo y se ha adelantado a todos, encontrándose ya en la isla. Malcolm y el resto del equipo viajan hasta la isla en barco, uniéndose a Sarah. Allí se encuentran con el primer inconveniente al descubrir que Ludlow se encuentra en la isla con un equipo de cazadores mercenarios liderados por Roland Tembo (Pete Postlethwaite) con intención de cazar varias especies de dinosaurios y exhibirlas en un anfiteatro en San Diego. Otro problema será cuando Malcolm descubre que su hija, Kelly (Vanessa Lee Chester), ha viajado a escondidas con ellos.

Ya mencioné en mi review de Parque Jurásico que la novela de Michael Crichton la leí unos años después de ver la película. Fue por el año 1996, cuando estaba en el instituto y ya se había puesto en marcha la producción de esta secuela. 

Como ya dije, la novela me decepcionó bastante. Aún así, para prepararme esta vez, me decidí a leer inmediatamente después su secuela, titulada El Mundo Perdido –en claro homenaje a la célebre novela de Arthur Conan Doyle –y que también escribió Michael Crichton.


Crichton no estaba muy por la labor de escribir una secuela de Parque Jurásico, ya que no acostumbraba a escribir secuelas de sus obras. Fue la presión de los fans lo que le llevó a escribirla; aunque se dice que fue el propio Steven Spielberg quién, finalmente, logró convencerle.

El caso es que recuerdo que esta secuela literaria me gustó bastante más que la primera y disfruté mucho más leyéndola. No es una novela muy brillante, todo hay que decirlo, pero aquí Crichton estuvo más acertado; sobre todo, dejando de lado ese tono filosófico mil veces visto de la primera y se centró más en ofrecernos una historia de aventuras pura y dura en la línea de la primera película.

Antes de leerla, me chocó bastante ver en la sinopsis que el protagonista era Ian Malcolm. Por aquella época ya sabía que este personaje iba a protagonizar la secuela cinematográfica, pero esto era lógico, ya que en la primera película el personaje sobrevivía. No obstante, no ocurría lo mismo en la primera novela, donde el personaje moría.

Sin embargo, hay que recordar que en ningún momento lo veíamos muerto, tan solo a un soldado que meneaba la cabeza cabizbajo cuando le preguntaban por él y que el gobierno de Costa Rica no había autorizado su entierro junto con el de Hammond. Así que, hábilmente, Crichton utilizó esto para decirnos que, en realidad, Malcolm no murió, tan solo fue dado por muerto en el caos que se produjo tras el incidente en el parque. Así que pudo traer a este personaje de vuelta como protagonista, algo que, sin duda, agradecieron los fans, a quienes le parecía un personaje muy carismáticos. No ocurría lo mismo con Hammond, quién si moría claramente en la primera novela devorado por los Procomsognatus; aunque, esto importaba poco, ya que el John Hammond de la novela era muy diferente al de la película y no despertaba tanta simpatía.

A mí, el tener a Malcolm de vuelta me produjo cierto temor, ya que en la primera novela acabé hasta las mismísimas narices de sus inacabables monólogos científicos y filosóficos; recuerdo una escena, estando ya herido, que parecía quedarse dormido tras uno de los monólogos, pero rápidamente se despertó y siguió dando la tabarra. Afortunadamente, en esta segunda novela, el tipo ya no estaba tan pesado.

Bueno, como ya he dicho, la novela me gustó bastante y esto hizo que tuviera más ganas de ver la película de las que ya de por sí tenía por lo mucho que me encantó la primera y mi gran pasión por los dinosaurios. Pero no solo yo la esperaba con ansias, ya que era una de las películas más esperadas aquel verano, el verano de 1997; que, cinematográficamente hablando, fue uno de los peores veranos que se recuerdan –fue el verano de Batman y Robin y Speen 2, no digo más –y eso se dejó ver en los resultados de taquilla, a lo que la llegada de esta película ayudó.

Como era de esperar, la película fue un gran éxito; eso sí, bastante inferior al de la primera. En EEUU recaudó 229 millones de dólares –muy lejos de los 357 de la primera –y en el resto del mundo hizo 389 millones –más lejos aún de los 626 de la primera –, haciendo un total de 618 millones de dólares –a años luz de los 983 millones de la primera -. Claro, que era de esperar esta tendencia a la baja, ya que se había perdido mucho del impacto que supuso en su día la primera y las películas de efectos especiales por ordenador ya no eran algo tan raro. De todas maneras, recaudar 618 millones de dólares en plenos años 90 y con un presupuesto de 78 millones era más que suficiente para ser considerada un gran éxito.

En lo demás, la crítica, como era de esperar, la pulverizó aún más que a la primera y las opiniones del público está muy dividida entre los que afirman que es mejor que la primera, los que no les gustó nada y los que les gustó pero la encontraron inferior a la primera. En este último grupo me encuentro yo; pero vayamos por partes.

Pero, vayamos por partes.

Debo decir que, cuando vi esta película, me puse un poco en los zapatos de los fans de la primera novela que se sintieron defraudados con la primera película. Y es que se habían pasado la novela por el forro de los cojones.

Seguro que muchos dirán ahora: “Si, claro, como hicieron en la primera película”. Sin embargo, en Parque Jurásico, a pesar de las enormes libertades que se tomaron, se mantuvieron bastante fieles en lo que a historia se refiere y, además, hubo escenas y detalles de la novela que se respetaron.


En cambio, en esta película no hay casi nada de la novela en la película; incluso la historia está cambiada. Ian Malcolm viaja a Isla Sorna con un equipo, si, pero las razones por las que van a la isla son muy diferentes –en la novela viajan acudiendo a una llamada de rescate –. Personajes importantes son completamente ignorados –¿dónde está Richard Levine? –, a otros los cambian la edad –como Eddie, que pasa de ser un chico joven a un adulto calvo –y a otros son fruto de la fusión de varios personajes –como Kelly Curtis, la hija de Malcolm, que es el resultado de la fusión de los dos niños que salen en la novela, un chico negro y una chica blanca, que no tienen ningún parentesco con el matemático –. Es que ni los villanos son los mismos, ya que en la novela el antagonista es Lewis Dodgson –el que sobornaba a Dennis Nedry en la primera –, quién pretende robar ejemplares de dinosaurios para experimentos con animales, ya que los dinosaurios, al ser clonados, no tienen derechos y los ecologistas se la tienen que envainar. Ni tan siquiera aparecen los Carnotauros –a los que les dan facultades similares a las del camaleón –, que los que eché bastante de menos.

Lo único de la novela que se ve en la película son la escena en la que le curan la pierna a una cría de T-Rex, la muerte de Dogson –que es bastante parecida a la de Ludlow en la película –y la de las caravanas siendo despeñadas por un barranco; aunque en la novela es Sarah quién salva a Malcolm y no al revés.

Así están las cosas. Parque Jurásico no sé portó muy bien con la novela que adaptaba, yo soy la primera persona que lo admite; pero, aún así, se mantuvo fiel a ella en bastantes cosas como para llamarla adaptación. Esta película, en cambio, pasa olímpicamente de la novela que adapta; da la sensación de que ninguno de los implicados se la leyó y tan solo se basaron en resúmenes de gente que si lo hicieron.

De hecho, parece que tuvieron más en cuenta la primera novela, ya que introdujeron varias escenas de ella que no aparecieron en Parque Jurásico. Como la escena inicial de la niña con los Proconsognatus o cuando uno de los T-Rex trata de atrapar con la lengua a varios personajes escondidos tras una cascada; incluso la muerte de Dieter Stark a manos de los Proconsognatus recuerda bastante a la de John Hammond.

Cada vez tengo más claro que le pidieron a Crichton que escribiera la novela para poder decir que esta película es una adaptación; aunque de adaptación tenga poco. Normal que el escritor ya no picara en la tercera entrega.

Bueno, ya hemos visto que esta película, como adaptación, es una auténtica mierda. Pero, como ya sabéis los que me conocéis, cuando hablo de adaptaciones siempre las suelo juzgar de dos formas: como adaptación y como película es sí. Ya la he juzgado como adaptación, así que ahora vamos a ver como es como película en sí.

Ahora toca juzgarla como película.

Pues bien, como ya he dicho antes, yo estoy entre los que dicen que es una película muy inferior a Parque Jurásico, pero que no es una mala película.

Solo supera a su predecesora en que hay más acción y tiene más dinosaurios. Sin embargo, está muy lejos de la brillantez y la épica de la primera película. Donde más se nota esto es en el trabajo de Steven Spielberg, quién repite como director. Sin embargo, no se nota tanto su mano a la hora de dirigir ni su toque personal y su dirección se nota algo forzada.


Tengo entendido que Spielberg no estaba muy por la labor de repetir como director y prefería limitarse más a la producción; pero, por algunas movidas con el estudio, terminó dirigiendo la película. De ahí que no le ponga tantas ganas como le puso a la primera. Hay rumores –poco fiables –que afirman que dirigió la película –o, al menos, gran parte de ella –desde su casa a través de videoconferencia.

Aún así, el tipo se esfuerza en sacar la película adelante y evitar que esta decaiga. Además de que también sigue introduciendo ideas; como la escena final del T-Rex en la ciudad –otra cosa que no aparece en la novela –, que fue totalmente idea suya. También mete guiños y homenajes a clásicos como King Kong –el barco en el que el Rex viaja a la ciudad se llama SS Venture –o Godzilla –los japoneses que huyen del Rex; uno de ellos llega a decir en su idioma “me fui de Japón para no encontrarme con estas cosas” –.

Los efectos especiales también están muy logrados, tanto el CGI como los animatronics de Stan Winston, con las mejorías que hubo en ellos en los cuatro años que transcurrieron desde la primera película claramente visibles. No obstante, no me gustó que colorearan más a los dinosaurios. En algunos no quedaba mal –aquí los Velociraptors tienen piel asemejada a la de los tigres, como en las novelas –, pero en otros les daban un aspecto un tanto ridículo; había momentos en los que los T-Rex parecía que tenían los ojos pintados.

El diseño de producción tampoco está mal. Aunque, a la llegada a las instalaciones abandonadas de InGen, encontré los escenarios un tanto acartonados. Por otro lado, los vehículos, tanto los de los protagonistas como los de los cazadores de Tembo, están de lo más logrados.

Las escenas de acción si están muy bien. Entre las mejores están cuando los cazadores de Tembo persiguen a los dinosaurios –un claro homenaje a Hatari (Howard Hawks, 1962) –, la fuga de los dinosaurios del campamento de InGen, el segundo ataque de los T-Rex, los Velociraptors cazando a los miembros del equipo de Tembo entre la maleza o la parte final del T-Rex en la ciudad; aunque, esta también deja un poco de mal sabor de boca, ya que debería haber sido algo más densa y el Rex debería haber provocado un caos mayor.

Además del nivel de acción y del número de dinosaurios, otra de las poquísimas cosas en las que esta película supera a la primera es en la fotografía. Obra de Janusz Kaminski, director de fotografía habitual de Spielberg desde La Lista de Schindler (1993), la fotografía de esta película es ligeramente mejor a la que hizo Dean Cundey en Parque Jurásico; la cual también era muy buena.

La otra cara de la moneda es la banda sonora. John Williams compuso un tema brillante y épico para Parque Jurásico. No obstante, el tema que compuso para esta película, aunque no es malo, nunca ha llegado a convencerme del todo.

Sobre el trabajo de los actores, pues está bastante bien.

De los pocos que repiten, Jeff Goldblum vuelve a estar genial como Ian Malcolm; esta vez, un Ian Malcolm más serio y quejica que en la primera. En su corta aparición, Richard Attenborough vuelve a estar brillante como John Hammond. En cuanto a Ariana Richards y Joseph Mazello, que hacen un cameo repitiendo como los niños –un poco más crecidos –Lex y Tim, su trabajo está en la misma línea de la primera a pesar de lo poco que les dejan lucirse.

Sobre los intérpretes nuevos. La recientemente oscarizada Julianne Moore está realmente fantástica como Sarah Harding; una Sarah Harding diferente a la de la novela –de haber sido más fieles, hubiera sido un papel ideal para Lucy Lawless –, pero que conserva mucho del valor, coraje y determinación de esta. Pete Postlethwaite está impresionante como Roland Tembo, personaje que no es un villano a pesar de estar en el lado de los malos. El siempre estupendo Vince Vaughn no decepciona como el fotógrafo ecologista Nick Van Owen. Arliss Howard, que siempre será recordado como el recluta Cowboy de La Chaqueta Metálica (Stanley Kubrick, 1987), está muy bien como Peter Ludlow, el villano principal de la función; bueno, está bien su interpretación, porque el personaje es una mierda como villano principal. Lo mismo ocurre con Vanessa Lee Chester, que hace un buen trabajo, pero su personaje, Kelly Curtis –que, recordemos, es la fusión de dos personajes de la novela –, es un personaje de lo más repelente; una niñata odiosa y cargante que lo único que hace es lastrar la película.

Además, ella protagoniza uno de los momentos más estúpidos cuando se carga a Velociraptor con un numerito de ginmasia que rechina por todas partes de lo forzado y mal preparado que está.

Con esto comienzo mi ronda de cosas malas; porque la película tiene bastantes momentos absurdos y hasta ridículos que estropean un tanto el resultado final.

Para empezar, podrían haber mostrado de otra forma la caída en desgracia de Malcolm causada porque la gente no cree que estuvo en una isla a punto de ser devorado por dinosaurios; quiero decir, que había mejores formas argumentales que el encuentro con un gilipollas en el metro.


Vale que sirve para justificar la muerte Dieter Stark, pero no puedo evitar que lo del cazador mexicano escuchando rancheras con unos cascos me produzca vergüenza ajena.

Aunque, lo que más me rechina es un momento que ocurre cuando el T-Rex está por la ciudad. Al destrozar un autobús en marcha, este se estrella contra un videoclub Blocbuster en el que se ve los carteles de películas que no existen y que fueron inventadas para la película, como una versión del El Rey Lear de Shakespeare, protagonizada por Arnold Schwarzenegger o una versión de Jack y las Habichuelas Mágicas protagonizada por Robin Williams.

Yo esta escena la encuentro absurda porque, la verdad, no entiendo bien que pinta ahí; ¿es un momento cómico, una parodia, un homenaje a El Último Gran Héroe…? Sea lo que sea, a mí me rechina, más que producirme gracia. Un momento cómico de la película bastante logrado es cuando Malcolm habla por radio con una mujer centroamericana con muy mala leche. Esa escena si me hace gracia, todo lo contrario que esta.

También podría hablar de la extraña forma en la que el T-Rex llega a la ciudad, pero de eso hablaré mejor cuando analice la tercera entrega –que será pronto –, ya que llevo tiempo dándole vueltas a una teoría que implica también a la tercera película.

Resumiendo ya.

La película está bien, pero no es para tirar muchos cohetes. Como adaptación de novela no vale absolutamente nada. Como secuela, es infinitamente inferior a la original. Y, como película es sí, está muy bien para pasar el rato.   


Sin duda, recomendable para todos los que, como yo, disfrutaron mucho de la primera película y queríamos ver más.